
GALCA, la inteligencia silenciosa
Dicen los entendidos, y dicen bien, que el fútbol es de los centrocampistas. Marcet, José María, Marcial, Solsona, Lauridsen, Francisco y De la Peña formarían más o menos la cadena evolutiva a partir de la que se explican las mejores actuaciones del RCD Espanyol en los últimos 60 años.
En la década de los 90, el ex sevillista Francisco es la piedra angular sobre la que Camacho arma el conjunto que brillantemente logra plaza para la Copa de la UEFA en la campaña 1995-96. El Maestro sienta cátedra en Sarriá, pero sus 34 años y la perspectiva de una temporada muy exigente animan al cuerpo técnico a buscarle un recambio de garantías.
El elegido es Nenad Pralija. Pero la apuesta no funciona. El croata, aunque muestra buenas maneras, está lejos del arte y la lucidez de Francisco. El factor comparativo pronto juega en su contra, y las circunstancias también. Carcelén debuta con mal pié y la duda se instala en la grada: ¿Camachismo sin Camacho?. Pronto llegan las prisas. Mal panorama para la aclimatación de Pralija. Por si fuera poco, ni el propio Francisco le puede echar un cable. Sus días en el fútbol finalizan la noche del 28-1-97 en Riazor tras caer lesionado de gravedad en encuentro de Copa del Rey (2-2).
La temporada se trampea mal que bien con la brega de Brnovic, Cobos y Pacheta, pero el RCD Espanyol sigue teniendo un déficit de calidad en medio campo. Con las maletas a punto para el traslado a Montjuïc la deuda sigue pendiente. Sin embargo, esta vez la decisión para saldarla será la correcta.
Se trata del rumano Constantin GALCA (Bucarest 8-3-72) que llega procedente del RCD Mallorca donde ha conseguido el ascenso a 1ª División en la campaña 1996-97 dejando constancia de su buen juego en la medular y asombrando con su potentísimo disparo con la zurda.
El fichaje de GALCA, poco menos que una obsesión en aquel verano de 1997, no es nada sencillo y sólo tras el pago integro de su cláusula de rescisión (700 millones de pesetas) el RCD ESPANYOL logra arrebatárselo al club balear. El rumano, que se encuentra en Italia haciendo la pretemporada con el club bermellón, firma contrato el 1-8-97 y se incorpora directamente a la concentración blanquiazul en Oosterbeek (Holanda).
GALCA no es un jugador cualquiera. Formado en el National de Bucarest, equipo con el que debutó en 1988, salta a la elite rumana tras firmar con el potente Steaua tres años después y con tan sólo 22 años disputa el Mundial E.E.U.U. 1994 al lado de los ilustres Hagi, Raducioiu, Popescu y compañía.
La afición ve en GALCA la solución inmediata a los problemas de juego del equipo. En cada disparo suyo un obús en la red contraria. En cada golpe franco, especialidad en la que es consumado especialista, poco menos que un seguro de gol. Y por ello sus inicios son difíciles. Porque todo necesita su tiempo. Su maduración.
El rumano no es Francisco. No tiene su arte. En sus inicios como blanquiazul se le tilda de lento. De excesiva frialdad. Pero con GALCA el equipo gana en equilibrio. Siempre tiene un guía en el centro del campo. Pase corto. Pase largo. Salida de balón. Tempo de juego. Tic tac. Tic tac.
Parece que no está, pero siempre se ofrece al balón. Parece que no juega pero de repente llega para sacar un misil de sus botas. Cerca de los centrales para cerrar y sacar un contra con un pase largo y preciso sin perder la posición. Cerca del área rival para amenazar con su zurda. GALCA es la inteligencia silenciosa.
Con la aparición de Sergio González el centro del campo gana enteros. El nervio del de l'Hospitalet y el saber estar del rumano acaban formando un doble pivote de lujo. Ni más ni menos que el que acabará conquistando la Copa de Valencia en 2000 frente al Atlético de Madrid (2-1).
Sobre el césped de Mestalla, GALCA firma un partido sensacional. Las finales siempre dan laureles a los goleadores, es lógico, pero la experiencia y saber estar del rumano son fundamentales para sostener al equipo en los momentos más difíciles y sobre todo tras la expulsión de Nando.
Parece que por fin, el equipo ha encontrado su verdadero guía en la sala de máquinas. Pero como pasa a menudo en nuestro club las alegrías no acostumbran a ser duraderas y la campaña 2000-01, en lugar de suponer el relanzamiento de la institución tras la conquista de la Copa del Rey, no es más que la última para muchos de aquellos héroes.
Los problemas económicos del club acaban forzando la salida de Pochettino en el mercado de invierno con destino al PSG. Finalizada la temporada llega el turno de GALCA a quien se le acaba concediendo la carta de libertad tras llegar a un acuerdo para la rescisión de su contrato. Días más tarde el rumano llegaba a un acuerdo con el Villarreal CF.
Aquel mismo verano Sergio González también dejaba el club rumbo al Super Deportivo de la Coruña y aquel centro del campo con el que tanto nos habíamos ilusionado saltaba hecho añicos.
La temporada 2001-02 el doble pivote del RCD Espanyol lo acabarían formando preferentemente Morales y Alex Fernández. No fue un año fácil. No lo podía ser. Porque como dicen los entendidos, y dicen bien, el fútbol es de los centrocampistas.
Oriol Pagés (Pericos on line)
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