Poco queda de aquellos estíos llenos de torneos veraniegos. Poco queda de aquellos carteles de ensueño, repletos de equipos de prestigio mundial paseando por nuestros campos. De aquellas enormes copas. De aquellas tanganas.
El fútbol en agosto ya no es lo que era. Es el precio a pagar por un calendario atiborrado de partidos oficiales desde que la creación de la Champions League variara el formato de las competiciones europeas de clubs.
Pero no siempre fue así. También hubo una época en que la Liga empezaba entrado el mes de setiembre. Tiempos en que agosto era terreno reservado para los torneos veraniegos en formato de cuatro equipos y no como en su versión actual de partido único casi testimonial.
Aunque su proliferación cabe asociarla a la década de los 60 y algunos alcanzaron una solera incuestionable como el Costa del Sol, Colombino o el propio Joan Gamper, los de mayor solera siempre fueron el Teresa Herrera (desde 1946) y el Ramón de Carranza (desde 1955). Participar en cualquiera de ambos estaba reservado a los equipos de mayor prestigio.
Pero si bien el torneo coruñés puede presumir de ser el más antiguo de todos ellos, la cobertura publicitaria y los grandes equipos que siempre disputaron el Ramón de Carranza hicieron que este alcanzara un caché inigualable. La transmisión televisiva de su partido final era el acontecimiento del verano futbolístico. El colofón a la pretemporada. El banderazo de salida para la Liga y, quizá, el título no oficial más importante de cuantos se disputaban en toda Europa. Aquel enorme copón que tenía que ser alzado entre dos o tres jugadores ¡¡¡¡¡¡¡.
Para valorar su renombre mundial basta con repasar los equipos participantes en aquellos lejanos 60. A nivel nacional era coto privado para el irrepetible Real Madrid de las 5 Copas de Europa, el FC Barcelona de Helenio Herrera, el Real Zaragoza de los 5 Magníficos y equipos de la talla de Atlético Madrid y Valencia. Por lo que se refiere a conjuntos foráneos, desfilaron el SL Benfica de la gran época de Eusebio, el Peñarol flamante Campeón de la Copa Intercontinental, el Milan de Liedholm, el Inter de Luis Suárez y otros tantos.
Excepto en las dos primeras ediciones (1955 y 1956) en que se jugó a partido único, el formato del trofeo constaba de dos jornadas consecutivas y la fórmula competitiva ponía en liza a dos equipos españoles y dos extranjeros que se cruzaban en la ronda de semifinales. Al día siguiente, tras disputarse el partido de consolación los vencedores jugaban el partido final.
¿Y nuestro Espanyol? ¿Qué papel jugaba en aquellos veranos?
Pues más bien pobre en un principio. Amistosos sueltos. Alguna jira por Europa. Pero poca presencia en los trofeos veraniegos de mayor prestigio. Eran tiempos de reconstrucción tras el primer descenso a 2ª División. Nulo reclamo para formar parte de escaparates de lujo.
Sería tras la campaña 1966-67 y el impacto mediático del juego de los célebres Cinco Delfines que se invertiría la tendencia. En Agosto de 1967 los blanquiazules participan en el Trofeo Costa de Sol y logran conquistarlo de manera brillante tras vencer primero al Santos de Pelé (4-1) y luego en la final a la Selección Argentina (2-1).
La participación en el Ramón de Carranza no llegaría hasta más tarde. Fue a raíz de la gran temporada 1972-73 que la organización del trofeo invitaría al club blanquiazul para la XIX edición que se disputaría los días 25 y 26 de Agosto de 1973. Junto a los pericos y como segundo representante español el Athletic Club, campeón de la edición anterior al derrotar al SL Benfica. El cartel por la parte extranjera lo completaban Ajax de Amsterdam y Juventus de Turín. Ni más ni menos que los dos finalistas de la última Copa de Europa disputada en Belgrado pocos meses antes.
Cartel anunciador del XIX Trofeo Ramón de Carranza 1973
Los holandeses, actuales tricampeones de Europa contaban con dos sensibles bajas. Una en el banquillo. El rumano Stefan Kovacs, padre del "fútbol total", había aceptado la oferta de la Federación Francesa y su puesto pasaba a ocuparlo Georg Knobel. Otra en el campo. Apenas 10 días antes, su máxima estrella, Johan Cruyff había sido traspasado al FC Barcelona. No obstante, se mantenía intacto el resto del plantel. Casi la columna vertebral de la "Naranja Mecánica" que un año después por poco se adjudica el Mundial de Alemania.
La Juventus, dirigida por el checo Csetmir Vycpalek, era todo un ramillete de figuras. A los veteranos Zoff, Altafini, Furino y Capello (les suena) se unían los Bettega, Anastasi y un emergente Franco Causio que comenzaba a causar estragos por la banda derecha.
El Athletic Club no era tan solo Iribar y diez más, como solía decir con cierto menosprecio algún sector de la prensa. Rojo I, con su mágica zurda y elementos de calidad contrastada como Arieta II y Uriarte, formaban asiduamente con la zamarra de la selección nacional. En medio campo ya asomaba un jovencísimo Villar, que pronto seguiría el mismo camino.
Aquel agosto de 1973 el Espanyol había participado sin demasiado éxito en el Costa del Sol (derrotas ante Estrella Roja y Boca Juniors) y en el Ciutat de Palma (derrota ante CSKA Sofía por penaltys y victoria ante RCD Mallorca). Llegaba la hora de la verdad en el Carranza y diecisiete jugadores fueron convocados por Santamaría para viajar a la Tacita de Plata.
Porteros - Borja y Bertomeu
Defensas - Ramos, Granero, De Felipe y Ochoa.
Medios - Poli, Glaría, Solsona, José María, Carbonell y Romero
Delanteros - Roberto Martínez, Amiano, De Diego, Juan María y Guri
El sorteo deparó los siguientes emparejamientos para los partidos de semifinales:
AJAX AMSTERDAM - RCD ESPANYOL
ATHLETIC CLUB - JUVENTUS DE TURÍN
Ajacieds y pericos abrían el torneo la tarde del sábado 25 de agosto de 1973. A las órdenes del prestigioso colegiado francés Michel Kitabdjian ambos equipos formaron como sigue:
RCD ESPANYOL Borja; Granero, De Felipe, Ochoa; Poli, Glaría, Roberto Martínez, Solsona, Amiano, De Diego y José María.
AFC AJAX Weber; Suurbier, Hulshoff, Blakenburg, Krol; Neeskens, Haan, Gerry Murhen (Kleton 52'); Rep, Schilcher y Keizer (Arnold Murhen 46')
Y las cosas no pudieron empezar mejor para los nuestros ya que apenas transcurridos 10' minutos un rápido contraataque culminaría con un tiro de Solsona que apenas pudo ser repelido por el meta holandés y siempre con la caña a punto, Roberto Martínez clavaría el gol a puerta vacía. No fue un partido especialmente vistoso, pero el Espanyol defendió con gran orden y gestionó muy bien la temprana ventaja. De manera sorprendente el principal favorito del torneo se veía apeado de la final.
RCD Espanyol - Ajax Amsterdam (1-0) Ante la atenta mirada de José María que sigue de cerca la jugada, De Diego intenta conducir un balón acosado por el lateral derecho holandés, el internacional Wim Suurbier.
A continuación, y en sesión nocturna, el Athletic Club también apeaba a la Juventus merced a un autogol del central Morini a los 25' minutos de la primera parte. La final adquiría pleno sabor español.
- La gran final -
Apenas veinticuatro horas después, y una vez que el Ajax venciese por 2-0 a la "Vecchia Signora" en el partido de consolación con goles de Kleton y Hulshoff, pericos y leones saltaban al Estadio Ramón de Carranza para disputar la gran final.
Era el domingo 26 de agosto de 1973, con las cámaras del primer canal de TVE como tradicional testigo a través de la retransmisión del inefable Matías Prats. Tiempos aun, de visión en blanco y negro, que obligarían al Espanyol a cambiar de indumentaria ya que los bilbaínos eran los vigentes campeones del trofeo. Para tan especial ocasión nuestros hombres vestirían absolutamente de blanco, excepción hecha de dos franjas azules que de manera transversal cruzaban su pecho. amén de la tradicional vuelta azul de las medias en la parte superior de las mismas.
Frente a ellos el Athletic Club, dirigido por el yugoslavo Milorad Pavic, lucía su tradicional casaca rojiblanca con pantalón negro. Se daba la circunstancia de que los leones formaban junto a Betis y Real Sociedad la triada de equipos a los que el Espanyol no había logrado vencer en la anterior campaña de Liga.
Con el campo a rebosar como era tradición, el colegiado internacional español Antonio Camacho Jiménez formó a los siguientes onces iniciales:
RCD ESPANYOL Borja; Granero, De Felipe, Ochoa; Poli, Glaría, Roberto Martínez, Solsona, Amiano, De Diego y José María.
ATHLETIC CLUB Iríbar (Marro 59'); Saez, Larrauri (Aranguren 83'), Zubiaga; Guisasola, Rojo II; Lasa, Villar, Arieta II (Carlos 67'), Uriarte y Rojo I.
RCD Espanyol - Athletic Club (1-0) El extremo derecha Lasa intenta el remate ante la oposición de Granero (con el 2 a la espalda). Tapado por este se aprecia la figura de Daniel Solsona. A la izquierda sigue la acción Pedro De Felipe.
Ambos cuadros repetían las alineaciones que presentaron en los encuentros de semifinales, con el único matiz de que los bilbainos realizaron tres sustituciones en ambos partidos, mientras los blanquiazules no alteraron la formación inicial a pesar del lógico desgaste.
El match tuvo una gran intensidad y en su primera parte fue de marcada igualdad. Con escasas ocasiones se llegó al descanso con empate a cero, pero con la sensación de que el Espanyol tenía el control del match.
Reanudado el partido la superioridad blanquiazul fue cada vez más evidente. Los estrechos marcajes a que fueron sometidos Rojo I y Uriarte por parte de Granero y Poli respectivamente, ahogaban las vías de creación de los vascos, y daban el manejo del centro del campo a José María y Solsona, circunstancia que obligó al Athletic a encerrarse paulatinamente en su área.
La jugada decisiva del match llegaría poco antes del primer cuarto de hora de la segunda parte. Un balón en profundidad sobre De Diego con evidente peligro de gol, originó una desesperada salida de Iribar. Ambos chocaron, pero el "Chopo" tuvo la mala suerte de quedar lastimado en su pierna izquierda al golpearse también con una valla publicitaria. Tras retornar momentáneamente al arco, el gran meta internacional no se sintió recuperado al cien por cien y solicitó el cambio al banquillo. Para ello se aprovecharía una interrupción producida con motivo de una falta sobre Amiano. En medio de una gran ovación, el mítico portero abandonaba el campo y le sustituiría Marro.
La falta la ejecutó José María con su proverbial toque. La defensa rojiblanca se quedó clavada. El balón fue a la mitad del área, y allí saltaron al alimón De Diego y Amiano. El cabezazo del primero fue mortal y el primer balón que iba a tocar Marro sería para recogerlo desde dentro de su portería. Era exactamente el minuto 60' de partido. Tan solo media hora separaba al Espanyol de levantar el Carranza y posar como protagonista en la foto del verano futbolístico.
RCD Espanyol - Athletic Club (1-0) Momento decisivo del partido. El meta Marro (con el 12 a la espalda como correspondía entonces a los metas suplentes) no puede, pese a su salto, interceptar el cabezazo de De Diego. Es el gol del triunfo españolista.
Al día siguiente la prensa vasca criticó duramente la decisión de Pavic de ordenar la sustitución de Iribar cuando se tenía que efectuar el lanzamiento de un golpe de castigo en contra y argumentando que era mucho más razonable esperar a su ejecución para realizarla.
Los leones apretaron de lo lindo el resto de la contienda pero la defensa blanquiazul con De Felipe y Glaría al mando se mantuvo firme hasta el final. Merodearon más los balones bombeados que las jugadas trenzadas y la única jugada de peligro real se produjo poco después del gol españolista cuando a los 62' minutos Borja tuvo que desviar prodigiosamente a corner un remate de cabeza y abajo de Fidel Uriarte, un consumado especialista en este tipo de jugadas.
Casi al filo de la medianoche de aquel célebre 26 de agosto de 1973, el Espanyol se adjudicaba por primera vez el Trofeo Ramón de Carranza inscribiendo su nombre en el glorioso palmarés del mismo. José María, como capitán del equipo, recibía la enorme copa en el centro del campo y el Espanyol posaba como protagonista principal en la foto futbolística del verano.
El recibimiento en el aeropuerto del Prat fue apoteósico. La Liga comenzaba al sábado siguiente y se saldó con un contundente 3-0 al Real Murcia con goles de Amiano, Solsona y De Diego en un Sarriá a reventar, con un público entregado a los suyos y ante una tribuna nueva a punto de estrenar. Eran días de vino y rosas para el Espanyol.

Llegada al aeropuerto del Prat. Solsona y Ramos junto al enorme trofeo.
Como vigentes campeones, los blanquiazules quedaban automáticamente invitados a la edición de 1974 (31 de Agosto y 1 de setiembre). Y aunque esta vez no se consiguió el título, la participación fue dignísima ya que tras vencer al Santos de Pele (2-0) con goles de Cuesta (40') y Marañón (57'), los blanquiazules alcanzarían la final frente al Palmeiras.
Pero esta vez el segundo obstáculo carioca sería insalvable y se perdería el título (1-2). Tras adelantarse en el marcador con un gol de Leivinha (19'), un penalty transformado por José María (43') devolvía las tablas al marcador. La segunda parte fue muy igualada y cuando todo indicaba que el encuentro derivaría en prórroga, un cabezazo de Luiz Pereira (81') a la salida de un corner impediría al Espanyol revalidar el título.
El Palmeiras no era un equipo cualquiera. Sus dos máximas estrellas y curiosamente goleadores de aquella final, Leivinha y Luiz Pereira, ficharían más tarde por el Atlético Madrid y darían días de gloria al club colchonero al que hicieron campeón de la Liga en la campaña 1976-77.
Tras aquella final del 1 de setiembre de 1974, el RCD Espanyol no ha vuelto a participar en el Trofeo Ramón de Carranza.
Con el paso de tiempo los torneos veraniegos han dejado de ser lo que eran. Y desgraciadamente para todos los nostálgicos del fútbol, el Ramón de Carranza también.
Oriol Pagés (socio del RCD Espanyol)
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