Retribución a futbolistas: un enfoque racional
por Xavier Pujol Pamies
Vicepresidente de la APMAE
www.apmae.org / apmae@hotmail.com
"Es un error incrementar el fijo tras una buena temporada"
"El fijo debe estandarizarse en función de grupos profesionales"
"El variable debería ir entre el 25 y el 50 % de la retribución del futbolista"
La retribución a los futbolistas y al cuerpo técnico del primer equipo es el gasto más importante del Espanyol. A modo meramente ilustrativo, en la temporada 2005/06 los sueldos y salarios del personal deportivo ascendieron a 15,8 millones de euros, representando un 45% del total de ingresos generados en dicha temporada. Por tanto, es indudable que el equilibrio económico del Club debe basarse, entre otros aspectos, en un estricto control de los sueldos y salarios del personal deportivo.
En relación a este tema, en los últimos meses los medios de comunicación han recogido la noticia de que el Espanyol ha revisado los contratos en vigor suscritos con diversos jugadores, aumentándoles su retribución económica debido a su buen rendimiento durante la temporada anterior. En sentido contrario ¿alguna vez se han reducido los emolumentos de un jugador con contrato en vigor por bajo (o nulo) rendimiento? La respuesta es evidente.
El presente artículo es una reflexión acerca de cómo podría instrumentarse una política retributiva equitativa tanto para el Espanyol como para el jugador, la cual, en esencia, se encuentra recogida en el modelo de club publicado en la primavera de 2004 por l'Associació de Petits i Mitjans Accionistes de l'Espanyol (APMAE). La política retributiva planteada por la APMAE no es especialmente "original" ni revolucionaria, basándose la misma en una combinación de una retribución fija (o estructural) y otra variable (o coyuntural), tal y como la totalidad de clubes de Primera División tienen establecido. Sin embargo, las diferencias esenciales se centran en la forma de determinación de cada uno de los componentes retributivos anteriores y su peso específico respecto de la retribución total percibida por el futbolista.
Desde un punto de vista teórico, la retribución fija del futbolista debería reflejar su competencia y reconocer y premiar su trayectoria profesional, utilizando para ello un marco de referencia claramente definido y, en ningún caso, dicha retribución debería recompensar los logros puntuales o el rendimiento alcanzado en el transcurso de la temporada. Un error habitual cometido por muchos clubes ha sido incrementar la retribución fija de un futbolista tras una temporada con un alto rendimiento.
Asimismo, no parece que tenga excesiva lógica que en un colectivo tan reducido como es la plantilla profesional (unos 20 jugadores), cada futbolista tenga una retribución fija distinta. La retribución fija debería estandarizarse en función de categorías o grupos profesionales. En este sentido, desde la APMAE entendemos que sería razonable el establecimiento de las siguientes tres categorías:
Categoría A: Jugadores insignia (10% de la plantilla)
Categoría B: Jugadores contrastados (40% de la plantilla)
Categoría C: Jugadores con proyección (50% de la plantilla)
La retribución fija estaría en función de la categoría en la que cada jugador estuviera adscrito y la promoción de un jugador a categorías superiores (por ejemplo de la categoría C a la B o de la categoría B a la A) dependería de su desarrollo profesional, el cual debería ser valorado por el director deportivo en base a unos criterios objetivos y claramente definidos. Asimismo, dentro de cada categoría podrían establecerse ciertos niveles en función, por ejemplo, de los años de experiencia de cada futbolista.
La retribución variable (o coyuntural) es esencial en cualquier política retributiva diseñada por un club de fútbol, ya que debe permitir Ligar una parte de la retribución a los resultados deportivos de la entidad, premiar a los jugadores teniendo en cuenta su contribución al equipo, y servir de retención de aquellos jugadores que aportan mayor valor al club. A nivel teórico este enfoque parece muy simple, si bien la gestión de la retribución variable resulta mucho más compleja de lo que podría parecer inicialmente debido a la existencia de subjetividad y posibles agravios comparativos. Asimismo, aunque parezca una paradoja, uno de los puntos más difíciles de la retribución variable consiste en conseguir que en la práctica ésta varíe de un año a otro. Si no es así, con el paso de los años la retribución variable se habrá convertido en un concepto fijo más.
Un ejemplo de retribución variable que históricamente no se ha aplicado de forma adecuada son las primas que se pagan a los jugadores del primer equipo por los puntos conseguidos en el campeonato de Liga. Si el Espanyol tiene un presupuesto económico para estar en mitad de la clasificación de Primera División, parece que no tiene excesiva lógica "recompensar" económicamente a los jugadores por haber quedado por debajo de la clasificación que teóricamente correspondería por presupuesto. ¿Qué sentido tiene que un futbolista perciba una compensación económica por los puntos conseguidos en el campeonato de Liga en una temporada en la que nos salvamos en el último minuto del descenso a Segunda División? Nuevamente la respuesta es evidente.
En las últimas temporadas el Consejo de Administración ha iniciado un tímido proceso encaminado a vincular la retribución variable de los futbolistas al rendimiento deportivo del equipo (por ejemplo asociando las primas por puntos a la clasificación final del equipo en una posición intermedia en el campeonato de Liga o vinculando las primas en la Copa de la UEFA en función de los ingresos generados en dicha competición).
En el modelo de club desarrollado por la APMAE apostamos por una retribución variable en función de objetivos preestablecidos que represente entre el 25% y el 50% del total de la retribución de cada uno de los futbolistas. ¿Es un factor motivador una retribución variable que únicamente represente el 5% de su retribución total? Evidentemente no. Si por cualquier motivo el rendimiento del futbolista no cumple con las expectativas, esta circunstancia apenas va a tener incidencia en su retribución salarial, dado que la práctica totalidad de su retribución es fija. Seguro que nos vienen a la mente nombres de jugadores descartados por el entrenador o por el cuerpo técnico que han preferido quedarse en el club cobrando y sin jugar. Si en estos casos la retribución variable hubiera tenido un peso específico importante en la retribución total del futbolista, el hecho de no jugar hubiera afectado de forma significativa a su bolsillo y, seguramente, la decisión adoptada por el jugador hubiera sido otra muy distinta.
Llegado este punto debemos preguntarnos ¿Están dispuestos los futbolistas a que su retribución variable varíe sustancialmente en función del rendimiento individual y colectivo del equipo? Es razonable pensar que la mayoría dirían que sí pero ¿qué sucede si un año el rendimiento deportivo del equipo es malo? ¿Estaría dispuesto un futbolista a sacrificar parte de su poder adquisitivo de un año para otro por causas que en parte se escapan a su control? Ahora la respuesta ya no la tengo tan clara.
(Artículo publicado en el número 2 de 23 perico. Los interesados en adquirir esta publicación pueden ir la Tenda de l'Espanyolista, llamar al 656 68 83 25 o mandar un correo a 23perico@gmail.com para conocer los kioscos de Barcelona y L'Hospitalet en los que se vende o para saber como suscribirse. Los puntos de venta también están en la web).