AVUI A POL

Utopía per Carme Castell

Segundo curso

Un día menos para que el Espanyol empiece el segundo curso de la era Chen Yansheng. El primer curso es el más duro, te dicen cuando entras en la universidad y amenazan con que no vas a ser capaz de lograrlo. Pero los cursos avanzan, y las dificultades también. En el camino, algunos van cayendo y otros muchos llegan a la meta. La diferencia entre unos y otros la marca tener siempre presente el objetivo y, pase lo que pase durante el trayecto, no abandonarlo. Chen llegó a Barcelona con un objetivo: hacer del Espanyol un club grande. Y me da mí que el de Rastar no ha estado nunca en el grupo de los que no llegan a la meta. El talante ganador del propietario de nuestro club es uno de los activos más importantes de este Espanyol. Nuestro as en la manga. 

Es cierto que queda mucho camino y que, probablemente, no vaya a ser tan rápido como ellos habían creído y a nosotros nos habían contado. Pero también lo es que el Espanyol mejora y se profesionaliza a diario, dentro y fuera del campo. Es verdad que la mala gestión del curso pasado con los fichajes y sus fichas, cuando Chen ya estaba al mando, nos ha llevado a comernos una situación con la que no se contaba y que, posiblemente, tendrá consecuencias. Pero también es verdad que el Presidente se encargó, hace ya semanas, de asegurarse que, lo sucedido, no volviera a repetirse. Y, para ello, hizo el mejor fichaje del verano: Òscar Perarnau. El Espanyol, más allá de la situación financiera, ha funcionado durante muchos años como un club de petanca de barrio, y cambiar una dinámica tan arraigada, además de dinero, requiere tiempo y trabajo. Ahora mismo, no hay equipo para competir con tranquilidad por Europa, además de defender la Copa del Rey. Pero no nos engañemos, tampoco lo había el año pasado, a estas alturas, para quedar octavos. Porque conviene recordar que el verano pasado le entregaron a Quique Sánchez Flores un grupo de jugadores desconocidos entre ellos, y el 21 de mayo Quique nos devolvió algo mucho más valioso que la posición de octavo clasificado: un equipo.

A todo esto, con lo bueno y lo no tan bueno, aquí hay ilusión. ¡Claro que hay ilusión! Porque, pese a todas las cosas que no son como nos gustarían, nos sobran los motivos. De hecho, a veces tengo la sensación que hasta los más descreídos, se curan en salud, pero la tienen en silencio. Y si hablamos de ilusión, solo hacia falta ver, el día de la presentación de Sergio y Granero, como los chavales del Espanyol acuden a pedir autógrafos y selfies a los nuevos jugadores, también suma. Porque, hasta anteayer, no tenían a quien pedírselos. Y es que para saber a dónde nos dirigimos, también es necesario no olvidar de dónde venimos. No se trata de regodearse en el pasado, ni en nada se asemeja al conformismo. Hablamos de construir cimientos sólidos, capaces de sostener en el tiempo un ambicioso futuro, que las glorias efímeras de un día ya las conocemos. Y ese no es el trato. Además, no olvidemos lo más importante: los partidos se juegan en el campo, y esto aún no ha empezado. Árbitro, vaya preparando el silbato.

Carme Castell 

@_CarmeCastell   


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