¿Debacle o falta de competitividad?
Otra temporada habitual. Empezamos con la seguridad de que la plantilla no da para más que evitar el descenso y que por lo tanto el objetivo era no pasar apuros, para terminar con un enfado de quemar Roma porque ese mismo equipo no da la talla para entrar en Europa. Una locura.
Es curioso porque objetivamente "solo" llevamos tres puntos menos que en el mismo tramo de la primera vuelta, donde después de la primera derrota contra Osasuna marchábamos novenos con 17 puntos, a 4 de Europa, que en aquellos momentos la marcaba el Sevilla. Cuestión que empeoró tras la derrota ante el Valencia (décimos a 6 puntos de Europa) y que llevó a buena parte del entorno a reclamar que se tirara la copa, la eliminatoria ante el Celta, ya que con el calendario que se acercaba (Atlético, vecinos, Sevilla) íbamos directos al pozo. Es curioso pero si ganamos al Valencia estaremos con los mismos puntos que en la primera vuelta. Ya se sabe que los aficionados al fútbol tenemos memoria de pez payaso.
Un buen final de diciembre y un espectacular enero, al menos en liga, nos auparon hasta los puestos de la pomada. Entre otras razones porque se apostó con una preparación específica para pelear la copa (con diferencia fuimos el primer equipo en regresar de las navidades) que si bien no logró su objetivo copero resultó muy provechoso en liga. Ese mes de enero el otro equipo que dio un salto en la clasificación fue el Athletic. Los dos pasamos de estar a 6/7 puntos a ocupar las plazas de Europa League. A ellos les salió mejor el plan. Están en la final, y los siguen manteniendo en competición Europea.
¿Ha cambiado tanto el equipo? ¿O esa preparación alternativa creo cierto espejismo? ¿O era la liga la que marchaba con una puntuación por debajo de lo normal? La realidad nos indica, a pesar de la opinión general, que contra los equipos que estamos compitiendo (Osasuna, Levante o Málaga) hemos fallado, ya por ser inferiores o por no saber competir; tanto en la primera vuelta como en la segunda. Nada ha cambiado. Otro ejemplo son los partidos contra el Villarreal, que fueron un calco, el de aquí y el de allí. Si se nos han girado algunos detalles, algunas decisiones arbitrales, pero bueno el fútbol, como juego, tiene siempre un punto de azar.
A pesar de la opinión general, el equipo lleva similar ritmo. Es probable que empeore ante el calendario, o no. Otros sí han mejorado. Aquí está la clave: No hemos sido capaces de dar ese paso de competitividad, un problema endémico de la entidad, eso sí. En esta santa casa todavía no se tiene demasiado asumido que para lograr algún éxito casi nunca vale con lo que se ha hecho, siempre se necesita dar más. Y ese puntito de más, esa décima, o segundo, que te lleva del diploma a las medallas requiere encima más trabajo, esfuerzo y sacrificio, mucho más que todo lo realizado anteriormente. No está en el ADN de este club. Lastima.
Por supuesto, lo dicho, no sirve ni enmascara ni siquiera atenúa los errores de siempre. Desde los incendios provocados desde una dirección casi siempre más dispuesta a poner zancadillas que a ayudar, a la rigidez táctica del entrenador, o su habilidad de mago para que los jugadores aparezcan y desaparezcan de las convocatorias por largos periodos. No deja de ser curioso que dos de los tres jugadores en los que más se ha invertido sean centrales y que la defensa sea un desastre. Y ojo porque demasiado preocupados por el nueve, e cara al año que viene, ya lo era en invierno, es fundamental amarrar bien una defensa digna. Ahora a Mauricio le toca recibir -es el momento de los francotiradores habituales, todo el mundo tiene su momento-, es la ley del fútbol. Pero las mismas razones y métodos que ahora no llegan han sido las que nos han colocado en la pomada.
Se le pueden retraer cosas al entrenador, a cualquier entrenador. Un estilo no solo es una cuestión de dibujo. No confundir posesión con iniciativa. Quizá la única diferencia con la primera vuelta ha sido que el equipo no tiene tanta posesión, y por lo tanto los demás nos llegan más y la consecuencia son más errores atrás, que evidencia cierta mala colocación defensiva en estático del equipo, por eso tanta tarjeta. Un equipo pensado para presionar, recuperar y tener si no lo hace se queda en un mal boceto. La cuestión es porque hemos dejado de hacerlo, quizá porque requiere un plus de esfuerzo y ese esfuerzo cuando ya esta el trabajo hecho pues da más palo, y más con el calorcito.
El verdadero problema es que la ilusión se tarda toda una liga en construirla y se rompe en un par de tonterías defensivas. Parece que a veces los profesionales olvidan quien sustenta todo este tinglado, y sus ganancias, y el aficionado se merece un respeto. Y si por lo que sea, sin razón o con ella, sea real o no, el aficionado se ilusiona no queda otra que desfallecer por corresponder a esa ilusión. Ese es su trabajo de verdad. Cada uno que examine su conciencia. Y se deje de excusas.


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