Blanco, negro, y muchos grises
El fútbol más que un estado de ánimo en muchas ocasiones, casi siempre, se acerca más a un estado de pura locura. Ni siquiera cuando se procura tener un poco de "seny" se escapa uno a esa locura. Porque al final todas las razones, ventas, fichajes, tácticas, suplentes, titulares, juveniles, veteranos, arbitrajes se resumen en una verdad. La pelotita.
El fútbol es así, blanco y negro. Lo peor es que en los momentos de incendio lo que más le gusta al buen aficionado futbolero es la gasolina. Es el momento de las setas cojoneras; el momento que cada uno exorciza a sus fantasmas. Ya sea el portero, el entrenador, la directiva, los laterales -que afición por los laterales- hasta, si se tercia, puede recibir Tamudo, o recurrir a las habituales "apariciones espectrales" tipo Flores o Lara. Por supuesto, que al igual que las setas cojoneras es la temporada para los guardianes, capaces de afirmar con un henchido nacionalismo futbolero la desgracia de esos pobres clubs que han sido comprados por "extranjeros", igual de foráneos, por cierto, como lo fueron Mauricio, Posse o Luís, por citar a algunos de los más recientes. Pues bien esos pobres en manos de los "demonios extranjeros" se ve que nos deberían envidiar sin miramientos, sobre todo cuando el amigo indio ha asumido todas las deudas de la entidad y promete una inversión de 50/70 millones en los próximos años. Si cumple, muertos de envidia estarán; seguro. Vamos.
El problema es que si bien el fútbol solo admite el blanco y el negro, la vida suele moverse en grises, ya sean suaves, fuertes, o verdosos, pero grises al fin y al cabo. Y resulta algo simple achacar una derrota tan dolorosa y clara solamente a las ventas. Entre otras porque esa caraja a domicilio no es algo nuevo; más bien regresamos a viejos vicios conocidos en los desplazamientos. Además, por más importantes que sean las bajas, el once del domingo contaba con veteranos curtidos en muchas batallas. Luís, Carlos, Duscher, Sergio o David, incluso Chica y Verdú tienen muescas en su historial como para dar experiencia al equipo. El once que salió en el Sadar tenía suficientes mimbres para al menos haber disputado el partido. No termina de encajar el argumento de la experiencia (al menos en lo que respecta al once). Claro que si al final son los veteranos, los que deben transmitir confianza, quienes cometen errores de infantiles, o simplemente desaparecen, pues...
Esto no es óbice, pero son cosas diferentes, para que resulte obsceno justificar, o intentarlo, que dos bajas de jugadores titulares a mitad de temporada no van a afectar al equipo (y más si estas son ventas). Con la curiosidad de que en este caso el perjuicio deportivo es medible, en centímetros claro. Si un equipo que va justo por arriba vende a sus dos jugadores más altos entonces... "No pasa nada", lo dicho, una locura. Encima con los directivos contradiciendo las palabras del entrenador, que si tenía y tiene claro que va afectar al rendimiento. Suerte que nuestro eco mediático es limitado, y el entrenador hasta la fecha de una prudencia exquisita, porque en otro lado que un directivo que desautorice al entrenador en la parcela deportiva es bastante para armar la de Troya. El daño de las ventas ha sido multiplicado con la farsa de "el aquí no pasa nada". En vez de levantar un mensaje de trabajo y esfuerzo, de unidad, de ánimo de superación en definitiva.
Por suerte, esto del fútbol es una cuestión de fe, que si no otra razón va a llevar a miles de personas (incluidos los mandamases) a gastarse unos euros en unas acciones cuyo valor real, de entrada, es inferior al nominal. Más bien no valen casi nada. Viene a ser, en términos puramente económicos, como quemar un billete de 60 Euros, si lo hubiera (o haber invertido en la nueva abejita). Aquí lo que importa es el sentimiento, porque si esto fuera una telefónica nadie entendería que le recortaran la velocidad a mitad del contrato de permanecía. Por más números rojos que tuviera la compañía. Esto no es una empresa de venta de jugadores, es una empresa que vende espectáculo e ilusión, ese el objeto de esta empresa, y si te castran un trocito de ese espectáculo a mitad de temporada no están cumpliendo con su objeto, con el servicio que se comprometieron por el abono de este año. Esa es la responsabilidad de sus rectores.
Aún así, a día de hoy, todo aficionado puede, y debe, ilusionarse. A falta de catorce, o quince, jornadas si ocupas la sexta posición es casi una obligación ilusionarse. Yo sigo ilusionado, sin fisuras. Aunque en el equipo solo quedaran cojos. En el fútbol muchas veces dos y dos no son cuatro; y sorpresas las hay de todos los colores. En cualquier caso no es una meta exigible. No lo era a principio de temporada menos ahora. Por esa razón, los dirigentes deberían de ser cuidadosos con el asunto, porque en su boca, que es la voz de la institución, puede sonar a exigencia, y por lo tanto les toca ser cautos y humildes. Sé que también tienen su corazoncito de aficionados, y por lo tanto también tienen sus ilusiones, pero... Desde arriba hay que templar las corrientes, porque empiezan a formarse borrascas en todos los frentes que pueden terminar en la tormenta perfecta, que en esta casa suele acabar en todos contra todos, y lo peor contra todo lo que se mueve; lo de ahora y lo de antes.
La mala gestión del discurso de la dirección, la empanada conceptual de afirmar desde que vender titulares en invierno no es un perjuicio deportivo hasta que un chaval de la cantera es a coste cero -tela-, no quita que a día de hoy los jugadores que deben de tirar del carro no lo están haciendo. Cuando más se les necesita. Mientras, la hinchada enfebrece señalando a los jóvenes o inexpertos como la única raíz del problema. El equipo sufre un bajón en todas las líneas, hasta las que siguen intactas. Un bajón, por otro lado, lógico durante una temporada. Es cierto que el eje central defensivo ha sufrido una deforestación que ni el Amazonas. Pareja, Víctor, Moisés, más las lesiones de Forlín y Baena. Es un problema grave, pero en el equipo hay suficiente calidad y experiencia para intentar afrontarlo -si hay un agujero abajo pues toca ser más incisivo y preciso arriba donde sigue habiendo potencial-. Al menos hay suficiente para competir contra la mayoría de equipos de la liga con un mínimo de dignidad. Y esa es responsabilidad del equipo.
Al final, aquí radica el fondo del asunto. Si somos una institución competitiva; en todos sus aspectos (afición, dirección, entorno, jugadores). Y uno de los principios básicos para ser competitivo es saber y reconocer el problema y no aprovecharlo para las rabias personales y disparar contra los "enemigos" habituales, ya sean Kameni o el presidente, para endosarles todos los males, hasta el hundimiento del Titanic. Así lo único que se consigue es dar palos de ciego. Luego hay que tener la entereza, la decisión y aplicar el esfuerzo necesario para afrontarlo. De momento el único puesto en esta labor parece Mauricio, más que nunca un Sheriff solo ante el peligro. Por desgracia, a día de hoy, la respuesta es clara: Todavía no hemos conseguido alcanzar el umbral mínimo de competitividad.
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