Dos frases resumen con bastante precisión la realidad del Espanyol. La primera corresponde al técnico al afirmar que se trataba de una victoria producto del trabajo. Vimos la versión más sólida y compacta de toda la temporada, resultado sin duda al curro constante de nuestro particular Mau, con el gran apoyo de ese italiano con aspecto de genio despistado.
Las líneas más juntas, la presión más adelantada, más lucha, más velocidad con la pelota, mejor y más fina condición física -ya no llegamos tarde a todo-, como si de repente todo el mundo tuviera más claro cual es su función y, sobre todo, con una sobrevenida sobriedad para no enzarzarse en líos innecesarios, excepto Nene, claro. Es cierto que todavía existen serias lagunas, sobre todo miedos, pero al menos se va aposentando un estilo, una idea, un equipo al fin y al cabo.
Mención aparte merecen dos jugadores. Por un lado, Iván Alonso. No solo por su entrega, garra, pillería y acierto rematador, gracias a él se ofrece otra salida del balón. Los centrales disponen de una diana a quien apuntar a la hora de colgarla, y el resto de un tipo con habilidad para recibir y jugar de espaldas. Por otro lado, David García. Más allá del notable rendimiento desde su regreso, me gustaría alabar la profesionalidad de un jugador que suma recambio tras recambio sin levantar una queja, que ha aguantado críticas y silbidos sin un mal gesto, que ha pasado por una verdadera desgracia de mala racha sin un lamento, y de la que encima ha regresado en mejor forma que nunca. Carácter, se llama -lo de ambos-, una cualidad necesaria en esto del fútbol y de la que esta plantilla andaba algo escasa.
La otra frase es de Tomas Guasch cuando escribe en la crónica de As: "No sabría decirles si todos los que van al estadio con la camiseta blanquiazul creen que su equipo se salvará. Pero lo parece". Yo no voy a firmar ese tópico de "semos la mejor afición" porque resulta presuntuoso, pedante y además me importa un bledo. Con ser la afición del Espanyol a mí al menos me basta. Lo de mejores y más guapos y más de todo para los vecinos. Yo solo soy del Espanyol.
A día de hoy todavía se me erizan las pestañas cuando recuerdo los últimos minutos del partido contra el Deportivo (toda la semana la pase tatareando el cántico que la Curva mantuvo durante tantos minutos, al más puro estilo de una barra argentina, bestial, tres puntitos a la cuenta de la Curva). Tampoco es necesario repetir la perogrullada de que lo mejor de este "club" es la afición.
La afición ES el Espanyol. O al contrario, el Espanyol ES la afición.
No hay más, aunque a veces parece que nos olvidamos. Quizá entre esos grandes lemas que afloran durante estos días como reconversión o refundación se agradecerían palabras que señalarán que el camino es la cercanía de entidad y aficionado -un activo donde sí que podemos marcar diferencias y atractivos-, en vez de tanta obsesión por masas, promociones y crecimientos.
Mientras, yo sigo creyendo. Hay cierta locura por correr antes que caminar. Nuestro peculiar genio despeinado -Di Blasi- ha insistido que la liga es larga, que los equipos llegan muy justos al final, que es importante andar muy finos en esas fechas, y que el solecito en el mes de Mayo hace mucho daño -y por fin llega el calor-. Las notas a 31 de Mayo. Tuve la suerte de preguntarle a Poche en el programa si disponíamos de margen de mejora y su contestación fue clara y mirándome a los ojos (algún día escribiré acerca de la diferencia entre las miradas de Poche y del gestor): A partir del Depor esperaban ir llegando a la mejor versión. Sin comentarios: Sigo creyendo.
Y tal como manifesté antes del partido de Soria, un empate en Gijón no es un buen resultado pero tampoco terrible -esos cuatro puntos con lo que queda por delante y la progresión de unos y otros son remontables, lo mismo que superar a Numancia y Huelva, y de momento con tres por detrás nos vale ¿o no?-. Por supuesto debemos salir a ganar pero esto es otra de esas tonterías que se vienen repitiendo, otra de esas perogrulladas que yo no entiendo.
El Espanyol siempre debe salir a ganar. Luego si los otros son mejores, pues felicitares, como diría Camacho.