En el pasado partido, miré el videomarcador después de la expulsión y me fijé que el minuto era el 65, y pensé que se trababa de una diabólica metáfora de la temporada, ya que con un tercio de encuentro por delante tocaba una complicada remontada, como en la liga donde con menos de un tercio por delante también toca una remontada muy difícil. Claro que los elementos, siempre muy traicioneros y alentados por cierta pasividad defensiva, se encarnaron en un Jurado que asestó lo que parecía la estocada definitiva.
Así que ahora, aunque nos den algún golpe duro más, igual que en el último tercio del partido, seguro que vamos a remontar en este último tercio de la temporada, claro que no sé si como metáfora o ejemplo el empate es suficiente, o simplemente es en anticipo de una larga agonía, pero desde luego no se puede tirar la toalla hasta que el árbitro pita el final, y mientras las matemáticas nos den una posibilidad hay que pelearla. Por supuesto que esta cábala numérica tiene toda la consistencia de una de las sabias teorías del Señor del Puro pero a algo debemos de agarrarnos.
Es mucho más recomendable, eso sí, agarrarse a la serenidad y a las palabras de Mauricio: honestidad, trabajo y entrega (en el fondo yo es lo único que he pedido siempre), o creer en el plan que ha trazado junto con Di Blasi para alcanzar el día 31 de mayo el objetivo. O en el juego del equipo, cada partido un poquito mejor, o también en la evidente mejora física (de este tema habrá que hablar largo y tendido) sobre todo como se comprobó ante la delicada situación de jugar con uno menos.
Pero también, para el que no le convenza mi teoría metafórica de los tercios finales y las remontadas, se puede agarrar donde quiera. Lo importante es agarrarse, mientras la haya, a la esperanza. Si eres creyente, reza a tus santos, a San Iván o San Coro, o en su caso quema el suficiente incienso para crear un karma mágico que nos proteja en el Olímpico; si en cambio entre tus aficiones está el budú pues no cejes de clavar agujas al monigote del portero o el nueve rival. En el caso de ser un jugador compulsivo desempolva hasta el más oxidado de los amuletos, y si te van las previsiones y los análisis enloquece restando y sumando ante el calendario que nos queda hasta que el resultado cuadre con la salvación, o simplemente agárrate a la idiosincrasia peleona tan especial de esta institución, donde no acabamos de entender muy bien el significado de rendirse.
Incluso los más pesimistas, o menos optimistas, los convencidos del desastre, en vez de entregarse al desánimo pueden agarrarse a los últimos ánimos que quedan por dar en primera. Total si ya pensáis que está todo perdido porque no disfrutar con toda la fe del mundo de los últimos momentos por primera. Los más cenizos, incluso, se pueden agarrar a la esperanza de que un par de equipos -cada uno elija los que más le desagraden- van a entrar en barrera y que con muy poquitos puntos más nos salvaremos. O agarraros a las declaraciones de cualquiera; si para los del Madrid, la Juve o el Liverpool 6/7 puntos no son nada pues para nosotros tampoco.
Si ninguna de las agarraderas ofrecidas, al final, os convence pues agarraros de esos amigos, conocidos, familiares pericos, o del compañero de asiento con el que celebráis los goles, o del polero con el que tanto habéis debatido, porque este camino lo hemos de recorrer todos juntos, un camino largo, muy difícil, y donde a buen seguro nos queda por recibir algún palo del que deberemos sobreponernos.
Por si las moscas, y por si no funciona ninguna de las esperanzas anteriores, ando enfrascado todas las noches bajo la triste luz de un quinqué en un conxuro que ahuyente a los malos espíritus, porque en esto del fútbol (que además de deporte es juego) yo no creo en la suerte pero haberla ahíla, sobre todo cuando la vida se decide por un punto arriba o abajo; un conjuro que afine la certeza de los delanteros, de seguridad y fuerza a la defensa y, sobre todo, que de clarividencia a los Liniers.
Porque, sí, nos salvaremos.