El vaso medio...
Los números del Espanyol son más o menos los lógicos. Décimos, con el mismo número de partidos ganados que perdidos, y también empatados (si alguien cree que el objetivo es ganar la liga pues evidentemente son un desastre, pero si en cambio cree que es la salvación entonces deberá mostrar una prudente satisfacción). En fin, un aprobado justito si atendemos a un gol avarege negativo -el debe del desastre de Mallorca-, pero con el atenuante del calendario que ha tocado.
Porque una cosa es esperar que el equipo mejore para una buena nota, y desearlo, y hasta pedirlo, y otra distinta es suspenderlo si no alcanza un notable alto (vamos la mínima que nos puede acercar a Europa). Por supuesto que en varios aspectos el juego del equipo requiere una mejora, pero debemos de considerarlo en todas las facetas, desde el rigor táctico en la colocación, las coberturas, la agresividad, el físico, la solvencia atrás, la verticalidad, la definición arriba etc. A veces parece que tener puntería y necesitar pocas ocasiones es un demérito, un problema, bendito eso sí deben de pensar los italianos con sus mundiales. La clasificación al final pone las virtudes y los defectos de cada uno en su lugar. Tampoco es que lo rivales de similar potencial anden sobrados de buen juego. Es cierto que algunos ofrecen un trato más aseado del cuero pero unos cojean de orden, otros de contundencia atrás y la mayoría de llegada y falta de acierto.
Más que lo mostrado hasta ahora, el interrogante es la capacidad de mejora del equipo -para acercarnos a ese notable soñado- o si realmente no puede dar más de lo ofrecido hasta la fecha -y por lo tanto quedarnos en este aprobado justito-. Para los pesimistas, fondo vaso medio vacío, casi seguro que ha tocado techo y ya solo queda transitar con sudores y trompicones el resto de la liga (incluso los más agoreros lo verán no solo medio vacío sino con un agujero en el fondo imposible de taponar); en cambio, los escasos optimistas, entre los que me incluyo, pues apostamos por el vaso medio lleno y que al equipo todavía le queda camino para mejorar. Desde luego esto no quiere decir que no vayamos a sufrir, padecer y llorar para sumar cada punto hasta el final, porque el que crea lo contrario que asome por el camino de rosas que la van alfombrando al Zaragoza por segunda. Aquí hasta el más tonto sabe el oficio y no se regalan ni los saludos.
Hay argumentos a favor de una postura o de la otra y solo el tiempo, la tabla, dará la razón a unos o a otros. El atasque en el juego, que sea más habitual que de vez en cuando nos metan tres que a la inversa o la lesión de Iván desde luego son razones de peso para no ver el futuro claro. Sin embargo, el equipo ha demostrado carácter, cierta consistencia, y que poco a poco parece más asentado. No hay que olvidar que venimos de la situación complicada de la temporada anterior, o el vaivén de altas y bajas de última hora, que han dado un bloque con bastantes caras nuevas, algunas con debut ya iniciado el campeonato; y que se van acoplando cada vez mejor a un grupo todavía en formación.
Más allá de la baja del calvo y de la curiosidad por el rendimiento de los medios ante esta oportunidad (desde luego si el equipo se viene abajo sin Iván más que buscar substituto para él se deberá de encontrar recambio para todos los demás), el reto es lograr serenar los ánimos y descongestionar esa tensión que todavía agarrota al equipo. Ver si sabemos digerir los tropiezos, que vendrán, sin caer en una barrena de pánico. La estampa de Raúl al fallar el penalti creo que no solo reflejaba el hecho de sumar dos intentos marrados sino esa ansiedad y tensión que pervive en el equipo y en la afición, algo convulsos todavía. No perder los nervios ante el primer fallo, tragarse los primeros silbidos, ponderar los debates y recobrar cierta humildad, por parte de todos, será un primer paso para que el equipo crezca. Y todos sabemos de lo que es capaz buena parte de estos jugadores con confianza.