Todo empezó en el verano del 2002 con el fichaje casi sin ruido de un jugador que, pese a su calidad, no había tenido suerte en el mundo del futbol con su periplo por diferentes paises. Hace 6 años llegó De la Peña al Espanyol. Ahí se empezó a forjar uno de los dúos más letales que nos ha dado nuestro club, una simbiosis de futbolistas que nos darían tardes de glorias por su compenetración y complemento de virtudes. Los pases arriesgados, precisos, imposibles y definitivos siempre buscaban el desmarque intuitivo de Raul Tamudo para acabar las jugadas de gol. El punto más álgido de esa leyenda viviente se disfrutó hace dos temporadas en el New Can cuando se jugaba el último partido de liga, donde una de esas asistencias milagrosas acabó en el primer gol del histórico dos a dos que impidió cantar el alirón del campeonato a nuestro rival. Y en el camino queda una Copa del Rey y la final de la UEFA.
Pero todo lo que empieza acaba, y parece vislumbrarse el principio del final.
Y no es una precipitada afirmación si nos paramos a analizar los números de la temporada pasada:
- De las 38 jornadas de la última liga 2007-2008 sólo pudieron coincidir en el equipo titular en tres partidos, con el resultado de dos victorias y un empate.
- En toda la nefasta segunda vuelta no jugaron ni un minuto juntos. De la Peña se perdió 14 de esos 19 partidos, y Tamudo 11.
- Los partidos que pudo jugar De la Peña como titular fueron 7.
- Los partidos que alineó Valverde a Tamudo como titular fueron como su dorsal (23).
Seguramente que estas estadísticas fueron analizadas por todo el cuerpo técnico que actualmente compone el club, y por ello, en previsión de que pudiera suceder de nuevo, se buscaron las soluciones más adecuadas para una más que posible repetición de los hechos. Y dentro de las posibilidades se fichó, a sabiendas de que esas piezas son insustituibles.
La llegada de un organizador al uso que pudiera dar ese toque de calidad en el centro del campo se ha intentado buscar en el argentino Román con el inconveniente añadido del ineludible periodo de aclimatación a un futbol más rápido, y de no ser un pasador en largo ni en definición.
Para la delantera se trajo a un chaval de 20 años que apunta maneras de jugador comprometido, luchador, rápido y con movimientos inteligentes de desmarque cara al gol: un nuevo Raul Tamudo.
Maniobras de futuro para un presente que se precipita, porque el principio de esta nueva temporada nos ha vuelto a presentar el temor de una decadencia anunciada, y la vuelta a esa realidad que nadie desea pero que se reafirma con la fragilidad de los años acumulados en las piernas castigadas de dos jugadores irrepetibles. De dos futbolistas inclonables que han marcado un ciclo glorioso de éxitos y satisfacciones.