"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que explicar y explicarlo". Esta frase del ingenioso escritor irlandés Oscar Wilde es tan obvia como acertada en nuestro caso. Porque el aletargado verano de nuestro equipo nos había dejado huérfanos de ideas en esta pretemporada, esperando el sueño de una noche de verano para que nos llenara de argumentos y poder contar algo nuevo.
Después de este largo sueño nos despertamos con hambre de balón y alguna cosa se empieza a cocinar en el fogón de Márquez después de las primeros aperitivos más o menos serios que hemos degustado hasta ahora.
Los ingredientes para la receta parece tenerlos claros: como base fundamental del preparado contamos con Kameni, Jarque, Torrejón, Zabaleta, Beranguer, De la Peña, Moisés, Riera, Luis García y Tamudo. Faltarían pues un componente más para completar el guiso que variaría según los paladares de cada uno de nosotros. Con Valdo el gusto sería más fino aunque algo más insulso, y con Rufete obtendríamos un sabor más añejo y potente. Podríamos complementar todo ello con alguna de las nuevas adquisiciones que se han obtenido durante estos días como sucedáneos recomendables de los principales, como Callejón (Tamudo) o Román Martínez (De la Peña). En cuanto a la cosecha propia hemos recogido para este año a Sergio Sánchez, Julián y la agradable sorpresa de Sielva, aunque a alguno de estos todavía le falte un hervor.
Con todo ello parece evidente cómo quiere cocinar nuestro Chef este plato: defendiendo con un 4-1-4-1, presión arriba con líneas adelantadas y apoyos con coberturas en laterales donde el ingrediente más importante será Moisés. En ataque dispondrá un 4-2-4 con extremos abiertos a ambas bandas y alta posesión del balón en el que De la Peña volverá a ser el eje de todos los movimientos. Por lo visto hasta ahora queda claro que se quiere enterrar la desgana del final de la anterior temporada para pasar a una actitud que en términos culinarios denominaríamos de "comerse el campo".
Hasta aquí nada hace suponer que pueda deteriorarse la obra gastronómica del equipo, pero sabemos que hay épocas del año en que algún elemento clave se puede echar a perder, con lo que el resultado final variaría sustancialmente. Es el caso de Luis García donde algo se cuece. Esa patata caliente que nadie quiere coger para no quemarse las manos. La directiva que quiere y no puede; el entrenador no quiere y no puede, y el propio jugador que sin potestad para poder, duda entre si quiere o no quiere. La decisión está únicamente en manos del presidente para coger la sartén por el mango y decidir si el peso del dinero equilibra la balanza de una pérdida tanto futbolística para el entrenador, como emotiva para la afición.
Esperemos poder asimilar bien esta situación para saborear con tranquilidad la temporada que nos están cocinando, y que no se nos atragante algún elemento más imprevisible.
La digestión será larga. Buen Provecho.
(Posdata: Para el postre deberíamos apartar las manzanas podridas. Pero eso es otro tema...)