Adeu Luís, o no...
Cantaba una vieja canción de Barricada una bonita frase "una mentira agradable es mucho más fácil de creer". No son pocas las películas donde el/la protagonista ruega que le digan que lo/la quieren aun sabiendo que es mentira. En el mundillo del fútbol quizá la escena más habitual es cuando el nuevo fichaje manifiesta, mientras posa con la camiseta, que él desde pequeñito siempre había sido aficionado de ese su nuevo equipo. Es cierto que también hay Don Juanes de la pelota, capaces de encandilar hasta el más frío de los aficionados con un gesto o una celebración, tipos que con la habilidad de un gran seductor le susurran a la afición lo que quiere oír, truhanes que logran que el aplauso por sus méritos pase de reconocimiento a ovación.
Es posible que durante estos días, o en unas horas, o quizá al colgar el artículo, se confirme la marcha de Luís García al Benfica. Desde luego perder a un jugador que desde la posición de segunda punta tiene la regularidad de marcar 10 goles por temporada es una perdida deportiva sensible, que no irremediable y en ningún caso catastrófica. Sobre todo, que nadie lo olvide, ni ahora ni después, que lo único importante, realmente importante, es la gente, es la afición. Los jugadores vienen y van. Y que nadie se preocupe (o se deje llevar por el pánico) que contra el Valladolid, en la primera jornada, jugaremos once contra once.
Claro que también esto del fútbol es una cuestión de sentimiento, y la especial conexión que ha logrado con la grada es quizá el vacío más importante. Por supuesto que recordaremos con cariño la famosa frase del asturiano "Lo bonito en Barcelona es ser del Espanyol", que traducido al portugués vendría a ser lo bonito en Lisboa es jugar en Os Belenenses. En fin. Yo, que de naturaleza tiendo al escepticismo y la incredulidad, no me lo he creído nunca, pero como bien he dicho antes una mentira agradable es mucho más fácil de creer. Y ya se sabe que en este mundo es más rentable caer en gracia que ser gracioso porque no quiero pensar que fuera otro el jugador que ha firmado un preacuerdo con el Benfica, quien ha declarado que seguiría a Quique hasta el fin del mundo y cuyos representantes han negociado a la baja con los portugueses. También en fin.
En ningún caso valga como censura hacia nadie lo que aquí escribo. Antes, y por encima de todo, los jugadores son profesionales y su primer deber es con su carrera; luego cuando cuelguen las botas pues ya aparecerán en la televisión comentando y analizando al equipo de sus amores, aunque hayan defendido otras camisetas. Incluso Tamudo, hoy por hoy es solo un jugador de fútbol, otro profesional, cuando se retire podrá empezar a ser un mito. Y en cuestión de profesionalidad la conducta de Luís es intachable.
Es posible, así mismo, que durante estos días, o a las horas de colgar este artículo, se rompan las negociaciones y que Luís se quede. Es una buena baza disponer de un jugador listo que da una regularidad de diez goles, pero tampoco su sola presencia nos llevará a títulos y campeonatos, es lo que tiene jugar once contra once. Gracias a algún santo, en esto del fútbol dos más dos casi nunca suman cuatro y pueden ser tres, cinco o diecisiete. Y vaya usted a saber. Hasta es posible que Coro o Valdo exploten y Luís termine en el banquillo, o que se rebote por jugar en banda, o se lesione o sea pichichi. Donde las cosas siempre suman y restan con cuadriculada maldición es en las cuentas y estas indican sin compasión que cualquier oferta que ronde los doce millones de Euros es una cuarta parte del presupuesto del club y eso es mucho, pero que mucho, dinero para el club. Respiro tranquilo desde esta atalaya de aficionado por no ser yo el que debe decidir el punto de equilibrio justo entre lo deportivo y lo contable. Es difícil.