Me rindo. Enarboló bandera blanca y me rindo. Raúl Tamudo Montero es culpable. Es culpable de la marcha de Valverde, de la de Lotina, de que no renovara Luís Fernández, es culpable también de la marcha de Maxi, Dani, Lopo y de Jonatas, de que no triunfaran ni Clemente, ni Costa, ni Domi, por supuesto, es culpable de todo lo que ha pasado en el vestuario desde que debutó. No hay más. Me uno a la teoría de la conspiración.
Es culpable de no pasar la pelota a los compañeros que no le resultan simpáticos, a pesar de jugar casi toda su carrera más solo que la una arriba, es culpable de hacer camas incluso cuando no ha jugado, es culpable de esconder los calzoncillos y las espinilleras a los jugadores díscolos que no acatan sus dictados, es culpable de ser Raúl Tamudo y de jugar en el Espanyol.
Es culpable de marcar dos goles a los otros, impedirles una liga y crear un neologismo como el de "Tamudazo", es culpable también de marcar dos goles en sendas finales de la copa del Rey, es culpable de marcar un gol en el campo del Hércules casi tan importante como el de Coro, es culpable de marcar el primer gol contra el Murcia, también tan importante como el de Coro.
Es culpable de ser el máximo goleador en liga de la historia del Espanyol, es culpable de haber sido el jugador que más veces ha vestido la camiseta blanquiazul, es culpable de llevar casi veinte años jugando al fútbol en este club, es culpable de llevar el número veintitrés, es culpable de ser el referente de cualquier chaval que juegue en categorías inferiores.
Hasta es culpable, con su mayoritario paquete accionarial, de que Dani siga siendo presidente del club.
Eso sí, para la próxima década me da igual quien mande en el club, no me interesa demasiado quien sea el entrenador -ni si son duros capataces o brillantes tácticos-, no me ilusionan fichajes de peloteros de postín; yo para los próximos diez años quiero una camarilla en el vestuario, un grupito de mafiosos, de manzanas podridas que echen a jugadores y entrenadores, que manden y controlen, que creen más mal rollo si es posible, y que nos vuelvan a dar dos títulos, que nos lleven de nuevo a una final europea, que aguanten diez años en primera (Y si puede ser quiero un árbitro justo que no nos robe la champions).
Claro que se ha equivocado, muchas veces, hasta ha fallado goles y ha jugado malos partidos. Es verdad que no es un tipo popular, ni demasiado sociable, como tampoco le gustan ni se le dan bien los micrófonos (pero a muchos directivos tampoco y no cejan de meter la pata una declaración tras otra) hasta es probable que no sea un capitán ejemplar. Porque Raúl Tamudo no es Dios, es simplemente un jugador de fútbol; quizá ya el más importante de nuestra historia.