Como de momento las negociaciones por Kaka han entrado en un punto muerto y el Milán no acepta la oferta de tres millones, ni el jugador le satisface del todo nuestro tope salarial, ni siquiera como un acto de constricción y de fe, pues habrá que seguir rastreando el mercado en busca de jóvenes perlas por abrir y de jugadores contrastados con ganas todavía de dar unas últimas y dignas patadas. De todas formas, si bien los que vengan deberán ayudar, tampoco se les puede cargar la responsabilidad de solucionar las carencias del equipo. Ni nos alcanza el presupuesto para tal fin ni es justo pretender que los tres, cuatro o cinco jugadores que vengan resuelvan problemas que se arrastran desde hace tiempo.
No me refiero a esa pájara de confianza y físico que nos golpea desde el final de la primera vuelta; este equipo tiene ciertas carencias estructurales más allá incluso de esta temporada. Así, incluso en los mejores momentos la defensa mantenía una facilidad constante para el despiste y los regalos -no hace falta recordar varias remontadas-, claro que como bien dice Murphy las cosas siempre pueden ir a peor y esos minutos tontos pasaron a sentenciarnos en el primer cuarto de hora. No acabo de entender como se puede sufrir tanto en cualquier balón lateral -ya sea por arriba o por abajo-, o como con una simple pared cualquier rival agrieta el centro de la defensa, o como se necesitan tres rechaces para despejar un balón. Y no estoy hablando de calidad porque no es necesario ser Baresi para despejar una pelota a la primera, acertar en las coberturas o no perder la posición una y otra vez. No sé si se recuperará a Carlos García o al fin resultará el lateral que se fiche, ni siquiera si seguirá Zabaleta, pero es muy complicado alcanzar el número de goles de un Madrid, o un Sevilla o un Atlético (disponen de recursos que no tenemos), así que para aspirar a cualquier cosa primero hay que mantener la firmeza y la contundencia en la zaga.
Es cierto que se ha apostado por una variante ofensiva y arriesgada donde la defensa, en ocasiones, se ha encontrado vendida, un esquema que para aguantar el ritmo debe de contar con una plantilla de 22-24 jugadores capaces de refrescar y de rotar al sobreesfuerzo que se ven obligadas determinadas posiciones. Jugadores como Riera o Luís han terminado asfixiados, y no podemos esperar que dos chavales de 21 años que juegan su primera temporada en primera aguanten durante todo el año el ritmo de la competición y del equipo. Otros dos que también han roto motor, sobre todo Ángel. Ernesto y Herrera deberán sentarse y replantear algunas cosas, ya que la táctica debe de supeditarse a la calidad de los efectivos y no al contrario.
Todo esto, agravado además por una tremenda incapacidad de mantener una mínima posesión de la pelota, limitada siempre a que Iván transporte el balón desde los pies de los centrales hasta los tres cuartos del ataque, porque no es de recibo que jugadores de primera no se ofrezcan (es más a veces da la sensación que se esconden), que lancen pedradas en pases de tres metros como si quisieran putear al compañero, que se pierdan tantas pelotas en zonas calientes. Y no me refiero a la habilidad para lanzar esa última asistencia o a al tiqui-taca, simplemente a dar tras pases seguidos con un poco de sentido en el centro del campo, algo para lo que, me temo, hará falta más que ese deseado organizador. Por no hablar de lo bonito que debe de ser ver a un central rematar una falta o un corner.
Y estas carencias no son nuevas, no son la consecuencia de la horrible segunda vuelta, más bien forman parte de las causas. Mientras, Riera, Luís o Tamudo convertían cualquier pepino en jugada de ataque, mientras el equipo funcionó pasado de revoluciones los resultados, con algo de fortuna, nos llevaron a creer que se habían solucionado esos problemas evidentes ya en pretemporada (en partidos sin tensión competitiva, contra rivales del "potencial técnico" del Derby, fueron casi todos capaces de superarnos en la posesión del balón, al tiempo que siempre se producía la "badada" defensiva de turno).
Quizá si viniera Kaka, y Nesta, quizá ellos si tendrían la capacidad de arreglar los males de este equipo, pero la realidad es que solo nos queda cruzar los dedos para que los que vengan sumen su parte para la solución, porque al final serán la mayoría de los de este domingo los que deberán aprender y corregir estos errores. Apretar los dientes. Y el trabajo de la temporada del año que viene empieza este domingo, para todos. Así que en pie que somos el Espanyol.